El significado emocional de los alimentos… Cómo no ser víctima de sus efectos nocivos

Más allá de que los alimentos estén compuestos de los nutrientes que hemos mencionado en otros artículos, éstos contienen un significado emocional, y sucede porque hemos almacenado muchos sabores en nuestro cerebro relacionándolos con cosas agradables o desagradables.

 

Así, por ejemplo, numerosas personas relacionan la navidad con el consumo de romeritos o de bacalao,  y no conciben una navidad sin dichos platillos. Lo mismo ocurre en el caso de los pasteles y los cumpleaños. Es increíble el peso que tiene el  significado que le damos a los alimentos y cómo llega a ser especialmente complejo en cuanto decidimos llevar un régimen de alimentación saludable para bajar de peso.

 

Por ejemplo, está aquel individuo que de manera muy violenta era obligado a comer calabazas y el que, a partir de que sentirse libre de decidir qué comer, no tolera “ni en pintura” las calabazas, y también está aquella niña a la cual sus papás dejaban sola todo el día hasta muy tarde, cuando regresaban a casa con una bolsa de pan, con lo cual esa pequeña relacionó el pan con seguridad, estabilidad, compañía, razón por la que ya de adulta, cuando se sentía sola, lo remediaba buscando pan desesperadamente.

 

¿Cuántos de nosotros no comemos de más cuando nuestros papás nos invitan a comer a su casa, o cuando viajamos a otro país por más de dos semanas y casi con desesperación buscamos un puesto de tacos al pastor?

 

Puede ser que hayamos olvidado conscientemente la relación emocional de algún alimento, pero en algún momento o época de nuestra vida, en cuanto nos sintamos emocionalmente mal, nuestro subconsciente se encargará de recordarlo.

 

Por los motivos mencionados, si nos encontramos en la etapa de formación de  nuestros hijos debemos evitar lo más posible que ellos le den tales significados a la comida.

 

Hay diversas circunstancias que llevan a darle algún significado a los alimentos:

 

  1. El mero hecho de que el platillo esté especialmente preparado para algún integrante de la familia –por ejemplo cuando llega el tío millonario a casa de la abuela–, podría provocar que algunos sobrinos le den un significado a esa comida.
  2. Influye también para darle algún significado a un alimento cuando no es preparado en alguna circunstancia especial, como por ejemplo en nuestro cumpleaños, o incluso cuando se trata de la clásica “comida de enfermo”  (caldo de pollo, pan tostado).
  3. Cómo dejar de lado cuando el alimento es utilizado como premio o como castigo. Por ejemplo: “Si sacas buenas calificaciones, te llevaré a Mc Donald‘s”.
  4. A un alimento se le puede dar significado también cuando haya sido consumido después de un periodo de crisis económica, angustia, desastre: como dejar de comprar helados porque el papá se quedó sin trabajo, y en cuanto consigue empleo llega al hogar con un litro de helado para celebrar.
  5. El consumo regular de comida en momentos de encuentro: como es el caso de los alimentos navideños, que para muchos significan amor, unión familiar, entre otras cosas, son igualmente razón suficiente para que en esa época seamos tan propensos a darnos atracones.

 

Como podemos ver, además de los nutrientes de los alimentos, repercuten los recuerdos. El problema no radica en si el alimento con significado emocional es saludable y con pocas calorías, sino cuando es contraindicado para remediar un problema de enfermedad o sobrepeso, y entonces nos resulta casi imposible eliminarlo.

 

¿Qué hacer si detectamos que algún alimento tiene significado emocional  para nosotros y perjudica nuestra salud o nuestro peso?

 

  1. No debemos de quitarlo de la dieta. Los nutriólogos deben ser compresivos con esta situación y tener la capacidad de poder calcularlo en la dieta diaria, sin que esto afecte los objetivos.
  2. Debemos consumirlo disfrutándolo, lentamente, para que las necesidades psicológicas se vean satisfechas.
  3. Podemos realizar un poco más de ejercicio o moderar el consumo de calorías el día en que tenemos pensado consumirlo.
  4. No comer lo que nos apetece, o la clásica “despedida“, genera en el cerebro una sensación de escasez, por lo que es probable que le siga un atracón. Es mejor comer pequeñas cantidades del alimento deseado y  saber que volveremos a consumirlo.
  5. Si iniciamos un régimen de alimentación, el mismo debe ser personalizado, adecuado a las características físicas, actividad, antecedentes y preferencias de la persona.

 

 

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2 responses to this post.

  1. Posted by VALENTINA ROJAS on 9 marzo 2011 at 7:07 PM

    Qué interesante tu artículo!!!!!!!!

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  2. Posted by Alexandra on 3 junio 2013 at 11:24 PM

    Me encantó! muchas gracias por compartir interesantes conceptos.

    Responder

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