Mejoras mínimas en alimentos vendidos en escuelas.

Mejoras mínimas en alimentos vendidos en escuelas;

queda en nosotros cuidar lo que coman nuestros niños

  • Con medidas mínimas lograríamos un gran impacto en la salud de los pequeños

 

Las secretarias de Educación Pública y de Salud federales dieron a conocer la lista de los productos autorizados para ser comercializados en las escuelas, y de entrada es evidente que el cambio ha sido mínimo, e incluso en algunos casos la modificación sólo fue de tamaño.

Así, se dispuso que la porción máxima de galletas, pastelillos, postres y botanas se reduzca de 140 a 130 calorías; que el yogurt y otros alimentos lácteos fermentados disminuyan azúcares de 30 a 40 por ciento; que bebidas tales como jugos y néctares bajen sus calorías de 110 a 70 kcal.

Lo anterior no es muy alentador, pues no notaremos cambios favorables ni en el peso ni en la  salud de nuestros niños, aunque en realidad eso no depende tanto del gobierno como de nosotros como sociedad, si decidimos de manera responsable y ordenada qué,  cuánto y cuándo comprar.

En las tiendas cercanas a la casa donde vivo hace cinco años era imposible conseguir leche light y la explicación que daban los tenderos era: “Es que no la consumen y se echa a perder”.

Sería interesante saber:

  • ¿Qué pasaría si nos preocupáramos por informarnos acerca de lo más conveniente para nuestra alimentación?
  • ¿Qué ocurriría si las mamás que trabajamos  fuera de casa nos levantáramos unos 10 o 15 minutos  antes y preparáramos un desayuno y un lunch para nuestros hijos? (Puede que resulte una tarea pesada al principio, pero la ganancia es altísima: tendremos a cambio niños más sanos, mejor nutridos, más altos e inteligentes, alertas para poder sacar su potencial máximo. Además, si hacemos cuentas hasta ahorraríamos dinero.
  • ¿Qué consecuencias habría si dedicáramos un tiempo a llevar a nuestros hijos a realizar ejercicio a clubes deportivos, escuelas de actividad física, casas de la cultura o simplemente a jugar a un parque? (Es más benéfico aumentar la actividad física, que reducir las calorías consumidas y permanecer sentados frente al televisor).
  • ¿Qué ganaríamos si controláramos el uso de videojuegos y redujéramos el tiempo para ver televisión a 30 minutos al día?

La educación nutricional empieza en casa. Revisemos que nuestros hábitos de alimentación sean adecuados para que podamos dar un buen ejemplo.

No podemos confiarle nuestra salud al gobierno, ya que está visto que se preocupan años después de que inicia el problema y siempre y cuando no toque sus intereses. Basta recordar que la pandemia de obesidad, por ejemplo, está presente en México desde hace más de 10 años.

A nadie más que a nosotros mismos interesa nuestra salud y  la de nuestra familia. Así que haremos bien si seguimos la máxima de Mahatma Gandhi: “Sé el cambio que deseas ver en el mundo”.

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